Apenas recuerdo mi vida humana, es como verla tras un telon opaco y una espesa nivebla juntos. Hace tanto que tengo mis nuevos ojos, pero aun puedo recordar los viejos colores. Mi piel se volvió tan sensible, pero aun recuerdo las tardes frente a la chimenea, con Dominic y Eva…
Aun recuerdo su rostro, era lo mas cerca que uno podía estar de un angel. Comprendo perfectamente poqué Damian la eligió, lo que no entiendo, es porqué la dejó…
Si algo recuerdo bien fue mi ultimo día como humana, y los recuerdos que este se trae consigo.
Ese día todo era normal, Dominic acababa de recoger la leña, estabamos sentados frente a la chimenea, recuerdo sus labios, eran frios, eran duros, eran ajenos, y estaba segura de que no tenía nada que ver con que Eva recien lo había convertido. En ese entonces tratabamos de aparentar frente a Eva ser una buena pareja, a pesar de que nunca logramos serlo. Eramos tan paresidos, tan exactos, aun cuando Eva lo convirtió y había toda una vida eterna Dominic y yo nunca fuimos el uno para el otro. Nunca lo fuimos.
Recuerdo aquel ultimo beso que le dí, ese era escepcionalmente frío, estabamos frente a la chiminea. Eva tambien estaba frente a ella, así que teníamos que simular.
-Gabie, Eva nos está viendo.
-Está leyendo su libro. –yo prefería ver el fuego, entre avivandose y apagandose e imaginar como habría sido mi vida de otra manera. Siertamente, esta era mejor.
-Eso es lo que tu crees, nos esta observando. –aseguró él, quien reclamaba de una manera extraña el poder ofrecerle una espectaculo de esa indole a Eva.
-¿Cuando tendremos que simular mas esto? –le formulé en mi cabeza para que Eva no puediera escucharme.
-Ya te lo dije, cuando Eva desida convertirte no se lo ocultaremos más.
Pero al contrario de lo que decía o lo que hacía por ezforsarse y convenser a Eva de que nosotros eramos pareja, parecía costarle cada día mas fingirlo, sobre todo desde aquél día hace unas no muy lejanas semanas cuando supuestamente fue de caza.
-Dominic ¿Qué tienes? Te noto extraño ultimamente.
El agachó la cabeza, no me respondió.
-¿Dom...?
Sus gelidos dedos se habían situado en mi barbilla, y prontos sus labios estaban sobre los míos. Mas que un beso, ese era el mensage de que todo había acabado.
-Se acabó Gabie, hoy acaba todo –susurró, aun que estaba segura que Eva lo habría escuchado.
Despues se paró para dejar la habitación. Solo quedabamos Eva y yo.
Sabía que ese era el fin, todo en ese día lo decía, incluso el sol egoista había estado oculto aquélla tarde en la que Eva me convertiría.
Mis ultimos pensamientos fueron, sobre todo, mis dudas como humana. Siempre quize saber como Dominic había adquirido ese extraño don de leer mentes, y si yo adquiriría uno igual. Qué recordaría de esta vida y que olvidaría por completo.
-¿Gabrielle?
-Eva –volteé a verla, se veía muy aflijida.
Se inclinó hacia mi de rodillas puesto que yo aun seguía sentada frente a la fogata. No sentía su gelido aliento puesto que no estaba respirando, probablemente se estaba preparando.
-Sé lo que va a pasar, será mejor que empieze pronto para que acabe pronto ¿no? –le dije, facilitandole mi muñeca izquierda y dedicandole una sonrisa. Ella asintió.
Tomo delicadamente mi muñeca con su mano fría, y yo estaba ansiosa puesto que podía imaginarme la sensación de la mano de Eva cuando ya no fuera fría para mi, así como la de Dominic.
-Puedes imaginarte algo lindo si quieres, puede que eso ayude. Imagina lo facil que será todo despues de que esto pase. Sé que puedes imaginarlo.
Haciendole caso cerré los ojos e imaginé todos aquellos nuevos colores que aparaecerían después, mostrandome ese nuevo mundo del que formaría parte, y después... Todo ese calor, que rrecorría mis venas, un dolor inimaginable y el olor a metal que provenía de mi muñeca. La sensación de agua salada recorriendo mis mejillas y aquellos gritos tan lejanos que parecían ajenos a mi garganta, tan desgarradores que prefería imaginar que eran de los de Eva antes que los mios, sin embargo no podía ignorar el ahora omniyaciente dolor que rrecoría todos mis nervios y se apoderaba de mi columna vertebral para luego concentrarse en mi pecho causandome la impresión de no poder respirar. Eva enrollaba su propio brazo alrededor de mi nuca profiriendome un apoyo necesario para no romperme yo misma los huesos. Su cara de aflixión y sentimiento encontrados añadían un dolor extra todo lo que podía persibir en ese momento con mis sentidos mas nubaldos que nunca, y que consentraban su atención. Mis musculos se tensaron para correr en un ultimo intento de mantenerme viva pero ya era tarde. Recorde las palabras de Dominic, cuando al fin estubo listo para verme por primera vez despues de haber sido convertido “es como morir” me dijo, y nunca había estado tan cerca de esa experiencia como ahora. Mi corazón dejó de latir...
Entonces, cuando el ardor libero mi cuerpo, pude darme cuenta que no había abierto los ojos en todo este tiempo, y que la cara de Eva en mi mente solo era parte de mi imaginación. Mis ojos aun se mantenían cerrados. Los entreabrí para ver lo que me rodeaba, Eva seguía frente a mi, su cara abandonaba la angustia y se llenaba de alivio mientras aun me mantenía entre sus brazos, al igual que Dominic que estaba parado frente a mi cuerpo inerte con los brazos crusados pero a la defensiva. Volvi a cerrar los ojos, hasta que el ultimo avisto de mi humanidad dejó mi cuerpo y dejé de sentirme cansada.
Abrí mis parpados y por primera vez vi por estos nuevos ojos el nuevo mundo que me esperaba. Los nuevos colores, el octavo espectro de la luz, el brillo de las estrellas que se filtraba por los tablones del techo de la cabaña. Los nuevos aromas, del arce que estaba frente a la puerta de entrada, olor a miel de maple mescaldo con ceresos que hemanaba el cabello de Eva, el olor del carbón que venía de la chimenea, y el olor a sangre que provenía de la boca de Dom.
Eva solto el brazo que me redeaba, pero no caí al suelo, mi espalda se erguía como un pilar de Marfil. Di un vistaso mas a mi alrrededor y me pareció no reconocer la cabaña en la que había vivido diecinueve años de mi vida.
Dominic estiró una mano hacia mi para ayudarme a levantarme, pero apenas apoyé mi palma sobre la suya ya me encontraba en pie. Había una diferencia de un nacrosegundo entre una acción y la otra.
-Ven, Gabie, tengo que llevarte a cazar –dijo Dominic y me tomó de los hombros...
Entonces me percaté del ardor prevalesiente de mi garganta que había pasado a segundo plano por mi impresión, se diría que esperaba mas el hecho de persivir las cosas de diferente manera que una nesesidad de sangre como aquella.
Descubrí al tiempo que la sangre en la boca de Dominic se debía a que había cazado previamente, nunca antes tuve tantas ganas de besarlo, besarlo para arrebatarle los resudios de sangre que había en su boca para alimentar el fuego en mi garganta o apagarlo en todo caso.
Un deseo insoportable se apoderó de mi cuerpo estremeciendolo por dentro pero sin causar cambios al exterior. Salí de la cabaña disparada como una bala...

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