viernes, 16 de julio de 2010

Dominic - Historia

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No sería el unico de nosotros que no recordaría nada de su vida pasada, pero tal vez si el mas agradecido.
Puedo decir que mi historia comienza exactamente el día en que fui volvido a esta vida, a esta nueva existencia.
Recuerdo el entumecimiento de todos mis musculos, desde adentro, las hastillas de mis huesos cortaban ya algunos de los nervios, tejido y tendones. Creía poder ver algun hueso de mi femur que no estaba exactamente donde debía estar. Cuando el supor recubrió todo mi cuerpo creí que se debía a que me estaba llegando la hora. Definitivamente esta sería la ultima vez que cazaría un puma, reí para mis adentros, incluso en mi posición me era fácil bromear conmigo mismo, el dolor se había ido, ahora solo estaba esperando la muerte.
Creí que había muerto cuando un angel de largos cabellos risados y rojisos se acercó a mi, mas que rojos sus cabellos se torneaban entre el amarillo el dorado y un pelirrojo particular. Le sonreí a la bella criatura que a su vez parecía sonreirme a mi. Por alguna razon recordé a mi madre en esa sonrisa.
Se acercó a mi con cautela olfateó un poco y respingó la nariz. Si, dabía apestar a estas alturas, apestar a podredumbre de un cuerpo que está a punto de quedar vacío. Se acercó un poco mas conteniendo el aliento, pues no veía las aletas de su nariz moverse ni un poco como deberían ante el olor desagradable. Mientras acercaba su cara yo casi no podía verla nada, mi vista se estaba nublando asi como lo hizo el resto de mi cuerpo a su tiempo.
No estaba muy seguro de querer que esa mujer hermosa me viera morir, así que forcé a mi corazon maltrecho ya exausto a seguir latiendo el tiempo que fuera necesario, aun que no serviría de nada puesto que ya no tenía salvación alguna. No habría forma de que ella o cualquier otro pudiera hacer algo por mi completamente destruido cuerpo.
Cerré al fin los ojos rendido, llegó la hora de paritir, pensé, y me entregué a la abrumadora oscuridad que me reclamaba desde hacía una hora cuando el puma comenzó a atacarme.
Sin embargo, algo extraño sucedió en uno de los que yo contaba como el ultimo latido de mi corazon. Una punzada de dolor me atravezó todo el cuerpo, pero su origen era mi cuello que desde hacía tiempo no podía sentir, abrí los ojos de golpe, creyendome incapaz de hacerlo, pero pude ver a la mujer, cuyas comisuras de sus labios estaban manchadas de sangre, mi sangre.
No recuerdo haber sentido un dolor igual en toda mi vida, de repente las extremidades que yo daba por muertas comenzaban a dolerme y a quemarse desde adentro. La mujer se dio prisa a quebrar los huesos que me quedaban para acomodarlos en su lugar. No sabía que estaba haciendo, pero tampoco tenía la cabeza para razonar, mi mente solo se concentraba en el dolor...
No podía moverme, y si lo hacía no lo sentía. No podía gritar, y si lo hize el resultado era el mismo. Nisiquiera podía abrir los ojos pero sabía que la extraña mujer estaba presente, no dejaba de pedir disculpas.
-Lo siento en verdad –me decía con voz fuerte pero cantarina, solo entonces pude darme cuenta que en realidad yo si gritaba y muy lastimosamente –tenía que hacerlo. Por favor perdoname.
Como me hubiera gustado decirle que la perdonaba, fuera lo que fuera que me hubiera hecho, pero en lugar de eso solo salían gritos de dolor.
Si caí en un coma profundo o el dolor había consumido todas mis terminaciones nerviosas, para mi era lo mismo.
Cuando vi el nuevo amanecer me soprendió por completo. Todo este nuevo mundo, y en un instante había perdido mis recuerdos hasta el momento antes de mi converción.
-Hola -me dijo la mujer de antes, con una sonrisa tan destellante que sentí que los ojos se me secarían, pero no fue así, me quedé contemplando su sonrisa por un buen rato, sorprendido –Me llamo Eva, tu eres Dominic Toretto ¿verdad?
Yo aun no le quetaba la mirada de ensima, pero pude sentir como hostentaba mi arma de caza, con la que quize matar al puma. En ella estaba grabado el nombre “Dominic Toretto”.
-Así es, señorita –respondí impresionado por el sonido de mi propia voz. ¡Que impactante era este nuevo mundo...!

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